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ILUSIÓN
La
ilusión
es como el motor de la vida. ¡Cuánto cuesta vivir sin ilusión!
La persona tiene
ante sí un horizonte cargado de muchas cosas que le están esperando y que
están esperando de su trabajo, de sus decisiones, de su
creatividad. 
Cuando es así, cada
día al despertar, al volver a la conciencia inmediata al sueño, surge la
chispa que ilumina el horizonte, que le espera con todo lo que dejó el día
anterior y con las nuevas ideas que van brotando serena y calladamente para
renovar el espíritu creador del hombre.
La memoria se da
cuenta enseguida de cómo dejó los asuntos en el día anterior; la inteligencia,
despierta y fresca por el descanso reparador, trabaja en estrecha relación con
la memoria para ver cómo activa aquel tema que ha ido quedando relegado, cómo
conseguir superar la otra cuestión que se ha enredado en mil dificultades que
la están haciendo peligrar, cómo conseguir abrir camino a las nuevas ideas que
surgen en el afán del trabajo... Y así, ya se ha puesto en marcha el nuevo día
lleno de luz y juventud.
Cada día en
su amanecer está por estrenar, por vivirse totalmente y por eso está luminoso
y joven.
¡Qué sabiduría
aquel que sabe abordar la vida en la continua juventud de cada día, que
comienza lleno de luz y de esperanza!
Es cierto que no
siempre todos los elementos que conforman la vida, que se tienen ante sí al
amanecer son mayoritaria-mente positivos o tienen buenas perspectivas.
Es verdad que en la
vida pueden conjuntarse una serie de circunstancias, errores entrelazados,
desgracias imprevistas, que no permiten encontrar fácilmente salidas
positivas.
La inteligencia
trabaja y trabaja por encontrar esas salidas y todo parece que se vuelve en
contra.
Por tanto, en los
tiempos luminosos como en los más negativos las cosas serán muy distintas si
la persona es capaz de vivir con
ilusión,
si es capaz de ilusionarse con el mínimo resquicio de la luz que se abra paso
en el horizonte por muy cerrado que éste se encuentre.
Decir que “nunca
pasa nada” puede ser un poco atrevido cuando menos, pero mirar la vida con la
perspectiva de una historia que tenemos tras de sí y comprobar cómo la
humanidad, una y otra vez, fue capaz de superar las situaciones más adversas,
le hacen a uno pensar que “nunca pasa nada” que no encuentre salida en el
horizonte de la existencia humana, en el horizonte de eternidad que tiene ante
sí cada persona.
Se puede decir que
la ilusión no es realista, que no sirve para el pragmatismo que tantas veces
exige la vida porque ha de llevar una carga de utopía, pero su éxito está
precisamente en conseguir que las cosas adquieran atractivo, tengan nuevas
razones para ser abordadas, buscarles nuevos caminos, nuevas soluciones.
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