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No parece que la coherencia sea un valor personal fácil de conseguir.

Con alguna facilidad se puede observar, hasta en la propia persona, cómo el pensamiento plantea las cosas de una manera y, en cambio, las acciones en el comportamiento y las palabras en la comunicación, terminan expresando algo en sentido diferente, no pocas veces muy diferente, a aquel planteamiento de la reflexión.

Esta realidad, tan inmediata y constatable de una forma habitual, debería iluminar un poco las actitudes de intolerancia que se mantienen, sobre todo con relación a los demás.

Intolerancia porque se dice que los comportamientos de ellos no son como deberían.

O porque no se corresponden con lo que manifiestan frecuentemente.

O porque no expresan la exigencia que tienen a su vez con los otros.

O porque……

Al final, será más bien porque no entra por los caminos, planteamientos o formas de ver las cosas que uno concibe o desea que sean, según los diferentes factores que siempre están marcando los diferentes intereses de la vida en cada momento.

No se trata solamente de admitir que las cosas sean de una determinada manera, sino que se avance más haciendo realidad lo que en el plano del pensamiento y de la teoría se ha aceptado.

 No basta con saber y aceptar que cada persona es distinta, ni que incluso esta diferenciación puede verse alterada en el paso del tiempo por circunstancias o situaciones concretas de muy diferente signo, sino que es preciso y necesario que, en la práctica de la convivencia, se llegue hasta la aceptación plena de esa diferenciación que, por otra parte, se acepta teóricamente.

Como en todas las facetas de la vida, la comprensión y la tolerancia se han de manifestar en los hechos concretos de ella, marcando ese camino de coherencia que siempre se plantea y exige, pero que es preciso sea constatable como una realidad práctica y evidente.

Indudablemente este comportamiento en coherencia exige un grado de sinceridad personal muy considerable, ya que sin ella es muy difícil no caer en las trampas que ponen los múltiples intereses personales de todo tipo que van surgiendo constantemente.

Intereses de todo tipo, que de una forma extraordinariamente sutil llegan a convertirse, en muchos casos, en verdaderos egoísmos al centrarse la atención de una forma desmedida en sí mismo, descuidando, de una u otra forma, el interés de los demás.

La sinceridad siempre trata de dar a cada cosa su justo valor y posicionarla en su lugar, viéndola y tratándola con absoluta objetividad, por ello es muy importante lograrla en un grado suficiente como para conseguir de ella la verdad absoluta, aunque fuera en perjuicio de sí mismo.

Pues aún así, desde la sinceridad se puede lograr la rectificación del equívoco en el que se esté y al final conseguir alcanzar esa coherencia saludable que lleva a la persona a vivir una armonía regular en todas las manifestaciones de la vida.

Armonía que se manifestará en lo que se llama ‘persona equilibrada’ y que al fin todos admiran y a ella recurren, porque siempre se encuentra la palabra ajustada, el punto de vista ecuánime y el consejo que se necesita para resolver cualquier tema o superar cualquier circunstancia adversa del signo que sea.

Por lo que se ve que el ser humano, en su YO personal, es un entramado de percepciones y respuestas perfecto, que cuando están debidamente coordinadas y relacionadas dan un resultado altamente positivo; pero que por el contrario cuando no, producen en la persona las reacciones más disparatadas e incoherentes. Siempre en perjuicio propio y en consecuencia, lo que es peor, en perjuicio de los demás.

 No es fácil alcanzar un grado de coherencia de vida suficiente, pero, en cambio, sí es posible cuando se sabe ir poniendo en orden y equilibrio todos los pensamientos, con las actitudes y los comportamientos propios, a través de los medios que se ven, están ahí.

En todo caso, es una empresa en la que bien merece empeñar todos los esfuerzos, sabiendo que no es cosa de un día, ni de una temporada, sino más bien del propio crecimiento personal que dura siempre.

Y, sobre todo, que es camino de esa plenitud a la que siempre se debe aspirar activamente..                    

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