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Parece que una de las cosas que más se admira en las personas es su capacidad de servir a los demás.

Hasta con admiración se llega a reconocer y comentar cuando en el entorno se encuentra una persona que vive una actitud de disponibilidad grande en agradar y servir a los otros.

 Además, suelen ser personas alegres, abiertas, capaces de superar cualquier obstáculo y siempre con un rato disponible para hacer cualquier favor o cualquier servicio.

 Resulta curioso observar cómo la inmensa mayoría de las personas, en este mundo contemporáneo que vivimos, siempre están ocupadas, casi nunca disponen de tiempo para atender cualquier cuestión que se les plantea y, además, en sus conversaciones transmiten el agobio propio en el que ellos viven.

 ¿Acaso pertenecer a ese grupo, relativamente pequeño, de personas con un espíritu servicial es un privilegio?.

 No vamos a discutir que el carácter de las personas condiciona mucho su talante, pero indudablemente no podemos concluir que el ser de una u otra forma nos viene definitivamente dado, como biológicamente se nos da un tipo de estatura o cualquiera de los otros rasgos físicos de la persona.

 Una persona, por razón de su forma de ser, educación, espíritu de fe, etc., puede estar como en una predisposición a ser de una forma determinada. Y de modo contrario puede estar abocada a un tipo de vida opuesta al orden, al respeto a los demás, etc.

 Pero lo que al fin resultará definitivo serán las decisiones que en su vida vaya tomando frente a las exigencias naturales del convivir con los otros.

 Estas decisiones, no pocas veces irresponsables por irreflexivas, van formando en la persona el talante que se manifestará en la relación con los demás.

 Intervengan todos los factores que se quiera en la formación esencial y existencial de la persona, ésta siempre tiene en su decisión final la posibilidad de ser y actuar de una forma o de otra.

 Sea como sea una vida con toda su historia personal, siempre habrá en su devenir de los días y de los meses momentos en los que le abren fuertes e intensos interrogantes sobre sí, sobre sus actitudes y comportamientos, a los que algún tipo de repuesta dará.

 Otra cosa será qué atención le presta realmente y qué tipo de decisiones toma para conducir la vida en una u otra dirección.

 Más arriba se decía de las personas serviciales que tienen unas cualidades o virtudes francamente interesantes: gente abierta, generosa, alegre, con lo que se puede pensar que ante una situación personal carente de todas estas cualidades no es posible servir a los demás, por tanto, a seguir la vida sin complicársela para nada.

 No. Se ha dicho mucho que la persona nace como ser humano pero se hace como tal persona, mujer u hombre concreto. Lo que quiere decir que el hecho de que un tipo de personas sea notablemente menor al común no tiene otros responsables más que las propias personas, que por encima de caracteres, condiciones de vida y condicionantes de todo tipo, van decidiendo qué camino tomar y qué clase de vida quieren vivir.

 Lo que sí parece cierto es que cuando una persona opta por un tipo de vida, su talante se manifiesta por unos caminos diferentes que cuando toma el contrario. Cosa fácil de comprobar por cada uno desde la propia experiencia de la vida ya vivida.

 No se tiene alegría, apertura de miras, capacidad de superar obstáculos y de robar minutos al reloj, y a partir de aquí se es capaz de ser una persona servicial y de gran disponibilidad hacia los demás. Mas bien será al contrario, la opción por servir al otro y estar en absoluta disponibilidad para todo cuanto pida, será lo que le irá dando ese talante tan atrayente y que en el fondo todos desearían para sí.

 No pocas veces las personas resuelven estas cosas con verdadera simplezas cuando se las plantean en conversaciones o en la reflexión personal, como p.ej.: “Yo soy así, y no puedo cambiar”, cuando más bien habría que decir algo como: “Yo soy así, y no quiero cambiar, no me he propuesto cambiar, no he luchado todo lo que se necesita contra los propios egoísmos, egocentrismos, ambiciones, etc., para poder cambiar”.

 Y si no, ¿por qué no hacer una prueba seria?

 Durante un tiempo suficiente mantengamos una actitud de servicio y de disponibilidad, sabiendo de antemano que este servir a los demás no se puede limitar a unos servicios concretos, en un horario y en unos días fijos.

El servicio no nace de la propia disponibilidad que se quiera ofrecer, sino de la necesidad que tiene la persona a la que se quiere y se debe servir; a la persona a la que se debe y se quiere servir