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.Vida
nueva
Hemos
comenzado un Nuevo Año, el 2004 de nuestra era, y decimos “Año Nuevo, Vida
Nueva”.
Efectivamente, la vida humana
parece necesitar de continuas novedades que la sostengan y la hagan avanzar.
Las personas necesitan ir
renovando sus ilusiones y sus fuerzas para avanzar en la vida.La monotonía,
en cambio, consigue en su prolongación ir apagando ilusiones, de forma que
van cayendo las expectativas y motivaciones de todo tipo necesarias para
avanzar y progresar en los caminos de superación y de creatividad que son
propios de la condición humana.
Una sociedad que no la forman
personas creativas, personas emprendedoras, capaces de generar impulsos a la
propia actividad social, es una sociedad profundamente enferma; simplemente
porque tiene ante sí unos horizontes cerrados que empobrecen los caminos que
se ven y se recorren sin salida alguna.
Aunque, en realidad, la sucesión
de los días haga que la historia parezca siempre la misma, en cambio las
etapas que el tiempo va marcando hacen que esas novedades que necesita el
hombre para vivir, se sucedan periódicamente.
Así, un año es una etapa
suficientemente larga y, al mismo tiempo, abarcable, como para que pueda
suponer en nuestro mundo un hito de novedad cuando comienza, capaz de
generar nuevos proyectos, nuevas ilusiones e incluso nuevas ganas de luchar
y de vivir.
Se acaba un año y se cierra una
etapa marcada por un balance y unos resultados muy concretos, buenos o
malos, aceptables o simplemente pasables, dando paso a un nuevo “ejercicio”,
que se dice, en el que como ya se ha indicado está presidido por unos
proyectos y objetivos, que no solo se desean alcanzar sino que se tiene el
firme propósito de conseguir.
Cuando así ocurre sólo se ha
concluido una etapa, una porción de tiempo que llamamos año y que está
formado por un número determinado de meses, que a su vez los forman las
semanas y a las que dan nombre los días, una etapa, una porción de tiempo
más reducida y absolutamente abarcable.
El paso tan solo de un día a otro
hace que se abandone un año y que comience otro, y con ello ya las cosas
parecen que son diferentes. Son diferentes porque es un Nuevo Año, una etapa
por estrenar.
Para todo esto la sociedad ha
organizado un tiempo intermedio que parece hace el trabajo de “poner tierra
por medio”, diferenciar suficientemente el año que comienza del año que se
acaba.
Este tiempo intermedio,
constituido por las Fiestas de la Natividad del Señor Jesucristo, primero, y
por las Fiestas del Año Viejo y de Año Nuevo, después, consiguen darle esa
importancia de novedad que hace que las personas recobren nuevas
ilusiones, nuevos proyectos, nuevas razones para trabajar y para luchar.
Todo esto claro que es positivo y
bueno. Lo que ocurre es que las personas necesitan descubrir que toda esta
fuerza de novedad, generadora y motor de nuevos proyectos y nuevas
ilusiones, no solo debe encontrarse en el comienzo de un nuevo año, de un
nuevo ejercicio, sino que también puede y debe encontrarla al comienzo de
cada una de las etapas de tiempo que forman el año.
Debe encontrarla al comienzo de
cada mes, porque cada mes es nuevo, cada mes tiene sus afanes y trabajos
para conseguir el feliz resultado del proyecto anual.
También puede y debe encontrar
la novedad generadora de ilusiones al comienzo de cada semana, porque
esta etapa semanal va conformando la unidad superior que son los meses, y
por tanto las iniciativas y el trabajo que se vaya generando, conseguirán
felizmente meses fructíferos que alcanzarán la cosecha feliz al finalizar
este año nuevo y feliz que se observaba a su comienzo.
Pero también la vida nueva,
generadora de ilusiones en la esperanza y en las grandes ganas de
vivir en creatividad, se pueden, se deben encontrar al comienzo de cada
día.
Un día que no amanece impulsado
por la ilusión de vivirlo como una etapa importante, una etapa trascendental
de la vida, será un día desgraciado y a buen seguro entregado a la
monotonía, que prolongándose termina generando esterilidad, ese camino sin
salida en el que se meten las personas tantas veces.
Bien se sabe que uno de los
grandes males de estos tiempos que corremos son las depresiones.
Una situación difícil en la que
la persona queda inmersa y hasta atrapada, sin ninguna razón o con muy pocas
que la impulsen a la lucha y al trabajo que todos deben mantener para poder
seguir la vida, construyendo el proyecto común de una sociedad más justa y
más feliz.
Por tanto, ahora que aún están
corriendo las primeras semanas del Año Nuevo, aquel que todas las personas
se desearon, unos a otros, como algo dichoso y feliz, se puede reflexionar
sobre lo importante que es cada día en la vida propia y común.
Se puede reflexionar y se
debe experimentar la gran importancia que tiene cada día al amanecer,
de forma que ante esta nueva etapa del tiempo que es el día, se descubra y
se aporte al desenvolvimiento ordinario de la vida su gran novedad
que es y supone en sí mismo, así como todas las demás novedades que se vayan
encontrando a lo largo de todo este nuevo día.
Novedades para las que
conviene estar muy despiertos, muy espabilados, porque de lo contrario
quedarán ahogadas y arruinadas por el mismo horizonte cerrado que la
monotonía ha conseguido poner ante sí.
Novedades puntuales que
traiga, sabiéndolas reconocer, primero, y valorarlas después,
aprovechándolas siempre para avanzar con presteza en paso sólido y firme.
Ojalá que a lo largo de este año
2004, que hace unas semanas fue Nuevo, y que se empezó cargado de ilusiones,
proyectos y grandes ganas de alcanzar metas y objetivos importantes, consiga
para cada persona que los días que lo forman sean cada uno nuevo y,
por tanto, cargado también desde su comienzo de ilusiones y proyectos que
vayan generando perspectivas suficientemente positivas que le hagan
aprovechar todas sus horas en un trabajo ilusionante y creativo.
Una vida diaria así,
conseguirá, sin duda, una vida ciertamente feliz porque cada día se estará
haciendo lo que se debe y cómo se debe.
Recuerda, amigo lector, que cada
día que amanezca en tu vida es un día nuevo y como tal es un día
cargado de novedades, que te espera para vivirlo desde la fuerza de
la ilusión y de la responsabilidad.
Nunca más,
días en la monotonía ni cerrados en sus horizontes.
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