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.mentira........
La Naturaleza se muestra como
una realidad cargada de armonía y de belleza.
No hay que hacer demasiados
esfuerzos para comprobarlo en todas sus dimensiones y en todos los aspectos.
Las leyes que la rigen son tan
estables y extraordinariamente razonables como llenas de sorpresas e
incógnitas, que llevan al hombre a una continua admiración cuando las
contempla e investiga.
Lo mismo quisiéramos decir del
género humano, pero enseguida encontramos situaciones difíciles
de identificar con la armonía y la belleza que constatamos en la Naturaleza.
Y no será porque en el hombre no
existan cualidades y capacidades suficientes como para mostrar en su vida,
en su relación con los demás, en todo lo que compone el tejido humano y
social de su existencia, lo que grandioso y bello que tiene al alcance de su
mano.
Ahí están las más diversas
muestras del arte en todas sus expresiones, de la arquitectura y de tantas
otras obras, por las que el hombre ha ido dejando a lo largo de los siglos
su huella creativa y creadora.
Pero enseguida chocamos con las
contradicciones que acompañan al género humano, pues siendo el hombre el ser
más grande y poderoso de la Naturaleza, nos lo encontramos sometiendo y
sometido a las más dispares muestras de desorden, guerras, luchas...
empujadas por unos sentimientos contrarios al bien del AMOR.
La grandeza del hombre se la
encuentra en los muchos aspectos que emergen de su gran potencial de
virtudes, morales, espirituales, humanas y sociales, que tiene y que es
capaz de desarrollar.
Pero
a la vez ha de trabajar con otras realidades, también presentes en su
corazón, que se contraponen de una forma radical a este gran potencial
apunta
Son los defectos, pecados y
maldades que encuentra dentro de sí, capaces de arrastrarle por caminos
aparentes pero que finalmente no resultan otra cosa más que desdichas e
infelicidades.
Observando el comportamiento de
las personas, resulta curioso ver cómo las contradicciones apuntadas más
arriba son tan reales como evidentes.
Nadie pone en duda la necesidad
y deseo generalizado de la Paz, y por tanto hay un sentimiento generalizado
igualmente contra la guerra, contra la pena de muerte y contra todo aquello
que atente contra la vida y la seguridad human
Pero al mismo tiempo, entre
aquellas personas que se manifiestan abiertamente contra la guerra, etc. se
encontrarán las que a un nivel personal son causa de discordia, división y
pelea en sus ámbitos familiares, laborales, sociales, etc.
Resulta extremadamente curioso
que una misma persona defienda con convicción y apasionadamente la no-guerra
y, en cambio, no sea portadora y artífice de la paz en su vida y entorno
persona
Puede llegar a haber una
incoherencia grande al mantener posiciones completamente encontradas en
cuanto lo que se expresa y dice desde unos sentimientos lejanos, con lo que
se siente y manifiesta en la vida personal y
En estos casos es muy fácil estar
“contra la guerra”, tan real y verdadera como alejada de las tierras que se
habitan, y al tiempo “hacer la propia guerra” en los ámbitos de la vida
personal.
Y en este orden de cosas se
pueden constatar contradicciones e incoherencias en unos niveles tan
extensos como preocupantes. Cualquiera que se ponga, desde una actitud
sincera, a analizar un poco la realidad actual podrá ver abundantes ejemplos
de la cuestión planteada.
Así, desde luego, es muy difícil
alcanzar ese grado deseado de convivencia en la armonía y belleza natural.
¿Por qué? Sencillamente porque
las personas no quieren.
No quieren ser sinceras en la
valoración de las realidades propias y en las que se encuentran inmersa
No quieren ser sinceras en la
aceptación de tener que compartir con los demás, sin que prevalezcan los
propios pareceres, intereses o egoísmos por encima de todo
No quieren ser sinceras a la hora
de tener que aceptar el propio mundo interior, con todo el bagaje de sus
errores y de sus aciertos.
No. No se quiere llamar a
las cosas por su nombre. Se preferirá buscar justificaciones a hechos
consumados, que no fueron en absoluto valorados previamente y en los que
hasta es posible que únicamente intervinieron motivos subjetivos o intereses
de cualquier tipo.
Aunque no se quiera reconocer, en
infinidad de ocasiones a pesar de llegar hasta negarlo radicalmente, se
aplica el principio de que “el fin justifica los medio
No se dice, pero se aplica. Se
desea y se busca un “fin” y entonces se despliegan todas las acciones
precisas para alcanzarlo, para luego, si es que fuera necesario, mostrar
todo tipo de argumentos que expliquen y justifiquen los comportamientos
incorrectos.
Cuántas veces surge la pregunta
acerca de una persona, en el orden que sea, público o privado, que ante
cuestiones planteadas tan evidentes en lo erróneo de sus planteamientos,
comportamientos o resultados, las defienda con unos argumentos tan
evidentemente fuera de lugar
¿No se darán cuenta estas
personas que sus interlocutores, sean al nivel que sean, no son tontos? Que
como ellos, son personas que piensan y que lógicamente se darán cuenta antes
o después de las inexactitudes que cuentan, cuando no mentiras flagrantes.
Estamos inmersos en un mundo que
debería hacer un ejercicio grande de reflexión sincera, para intentar, por
bien de todos, no usar la inexactitud o la mentira como elemento cotidiano
en la convivencia humana.
Si ya es difícil la convivencia
humana en sí misma, cuánto más si hay que ir adivinando lo que el
interlocutor quiere decir o lo que pretende realmente, porque sus gestos y
palabras no son sincero
Por este camino el ambiente se
enrarece de tal manera que llegaremos a un mundo irrespirable.
Y una vez más, no es cuestión que
debe solucionar el otro, sino que cada uno tiene su parte muy importante que
resolver desde su forma de ser, de actuar y de vivir.
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