PRINCIPAL QUIENES SOMOS TESTIMONIOS NOTICIAS
LIBRO DE VISITAS
ORACIONES
DONATIVOS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 Libertad

Cuando se quiere hacer un análisis de la realidad social se encuentran múltiples motivos de seria preocupación, pero no es menos cierto que también se pueden apreciar no pocas realidades que se abren a la esperanza.

Si nos fijamos en las primeras únicamente, el diagnóstico es absolutamente pesimista, si por el contrario la atención se presta a las segundas, el optimismo es decisivo.

Parece que el hombre tiene que, por sistema, tomar partido  en cualquiera de sus posicionamientos por uno de los dos extremos, lo cual no deja de ser un gran error, pues las cosas son las que son y como son y, por tanto, no son uniformes: todas muy malas  o todas muy buenas.

Cuando la persona quiere madurar y crecer en el perfecto gobierno de sí misma, es preciso que sepa conjugar la razón con el sentimiento, pues no pocas veces la razón es fría y calculadora y, en cambio, el sentimiento es cálido y entregado tantas veces a meros impulsos afectivos que se dibujan comprensivos y compasivos, pero que terminan siendo muchas veces engañosos y engañados.

No es fácil mantener una clarividencia en las ideas, en los criterios y en las tomas de postura ante las diferentes situaciones y cuestiones que se van sucediendo en la vida del día a día, máxime si se tiene en cuenta la presión que ejercen los medios de comunicación social y otros poderes de la sociedad.

Pero si no se consigue mantener la autonomía propia y personal, la persona se convierte en una marioneta que es manipulada, traída y llevada sin ningún escrúpulo.

Ella nunca reconocerá esta situación, repetirá los argumentos que la cuentan y vivirá a los impulsos interiores que se ha dejado ir creando con no poca permisividad y, desde luego, desde una muy escasa reflexión.

No parece que sea muy difícil evitar esta situación descrita y avalada por la constatación más elemental. Lo que ocurre es que ello exige a la persona un esfuerzo, un trabajo personal consigo misma, que desgraciadamente no se está en la disposición de llevar a cabo con frecuencia.

Es más fácil “seguir” la vida y no “complicarse” demasiado con reflexiones y pensamientos, pues en una sociedad materialista y mercantilista ya resulta bastante difícil sobrevivir, dado que se ha de trabajar con gran dedicación y casi exclusividad para poder mantener todo el rol que lleva este tipo de economías.

Aunque habría que considerar que, si la persona para conseguir llegar a pensar por sí misma y por tanto analizar las cuestiones ponderando todos sus aspectos hasta llegar a una conclusión objetiva, que posteriormente podrá reconocer con toda la fuerza que da la razón, ha de hacer un trabajo personal ciertamente costoso y con no poco esfuerzo, también en el caso común de dejarse arrastrar por las presiones de diferente tipo que le forman los criterios y le arrastran a llevar la vida de forma más o menos estereotipada, también exige su esfuerzo, y a veces esfuerzo con gran sacrificio

No estamos afirmando la idea de que las personas no piensen o no se expresen con independencia personal generalmente, simplemente queremos dejar constancia de la necesidad de defender los valores genuinos que tienen las personas, como seres racionales y capacitados para tomar decisiones y llevarlas a cabo por la propia voluntad de acción.

Y no por el contrario, que se prefiera dejarse arrastrar por pensamientos ajenos, criterios de otros, y todo tipo de visiones de la vida que se van introduciendo con ‘verdades a medias’ o con planteamientos sesgados y/o manipulados.

La libertad es uno de los mayores dones que posee el hombre.Y el poder vivir en ella es, sin duda, uno de los bienes más preciados, por no caer en el absolutismo que denunciamos más arriba, al asegurar que es el bien más preciado.

Pero la libertad, primero es preciso conocerla, luego hay que amarla, para, finalmente, poder vivirla y ejercitarse vitalmente en ella.

Y todo esto no es en absoluto nada fácil.

Conocer la libertad supone ir más allá de la simple teoría y experimentar la grandeza que tiene en sus múltiples facetas, que permiten al hombre optar por una cosa o por la contraria, por el bien o por el mal, por lo correcto o por lo incorrecto, conociendo perfectamente las consecuencias que se derivan de actuar de una forma o de otra, de tomar una actitud u otra, una decisión u otra.

Desde este conocimiento profundo de lo que es la libertad, se podrá vivir en libertad y ejercitar la libertad.

Esto quiere decir que no solo basta en que la persona disponga de una libertad exterior, que le permite expresarse o moverse según le parece, según le conviene o según otra razón legítima, sino que además, lo hace desde el ejercicio de la más profunda libertad interior.

Y volvemos a la clave de los planteamientos que estamos haciendo.

Esta libertad interior nace de la capacidad que tiene la persona para ser dueña de sus propios pensamientos, de sus propios sentimientos, de sus propias actitudes y de sus propias decisiones, y no de la ‘marioneta’ que habla, que piensa, que siente o que actúa según la influencia que se ejerce sobre ella a través de los múltiples medios de presión que tiene nuestra sociedad, o mejor dicho, los diferentes grupos de presión que actúan, y no generalmente por razones humanistas o altruistas, sino más bien con fines de poder, económicos, etc.

Y aquí está la importancia de que la persona sepa defenderse de la influencia malsana que le pueden procurar los elementos externos o los poderes mediáticos de cualquier tipo, llevándole a alguno de los extremos que se veían más arriba y desde los cuales, ni se realiza como persona, ni puede encontrar la realización personal, ni la felicidad legítima que ansía el corazón del hombre.

Y esto es así, porque el gran enemigo de la libertad es la esclavitud.

La esclavitud mantiene a la persona alejada de sus propios ideales: el amor, la paz, la felicidad..

Si cualquier tipo de esclavitud es muy mala y nociva para quien la sufre, la esclavitud que se instala en el interior de la persona por la presión, influencia o manipulación, puede llevarla hasta la anulación de su dignidad, por más que la apariencia sea otra.