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Cualquier persona ha de ocuparse de muchas cosas. Es responsable de que su vida avance con dignidad en todos los aspectos.

En su juventud, tendrá que trabajar con esfuerzo por conseguir una formación idónea y adecuada para poder aspirar a la mejor situación laboral posible, que le permita posteriormente llevar a cabo proyectos personales con éxito.

Posteriormente, si forma una familia, deberá hacerlo de manera responsable que le permita poder llevar a cabo un proyecto de vida familiar coherente, que ofrezca las mejores condiciones para el desarrollo en el Amor, tanto del matrimonio como de los hijos, que con el tiempo podrán ir llegando.

 Y así, continuará avanzando en la construcción de una vida llena de lógicas satisfacciones, aunque en modo alguno exenta también de dificultades y sinsabores.

Pero, lo que tampoco debe faltar en esas ocupaciones que estamos planteando, son aquellas que van más allá de lo que es preocuparse por las meras cuestiones personales y más inmediatas, donde parece que la sociedad presente tiene un déficit bastante considerable, al inhibirse cada cual de aquello que, en principio, no le plantea una exigencia concreta, y ante lo que prefiere no oír, no ver, no entender, dejando que lo resuelvan los otros, porque al fin, a ellos es a los que les interesa.

Quizás sea, por la presión que ejerce la sociedad de consumo. Quizás, por la realidad egoísta que existe en el ser humano. Quizás, porque se necesita de mucho esfuerzo y trabajo para sacar adelante la vida familiar y personal. Lo cierto es que da la impresión, muchas veces, que las personas no quieren ver ni enterarse más allá de lo que el propio círculo plantea o exige.

Hay como una especie de muro, de barrera que les rodea y aísla, impidiendo tomar conciencia de la realidad de las cosas, conformándose en aceptar y repetir, sin sentido o criterio propio, lo que imponen los medios de comunicación. Y solo, cuando los problemas hacen presencia y mella en el ámbito personal, entonces, solo entonces, despiertan a la realidad verdadera.

Cuántos padres, inmersos en esta situación que estamos comentando, que podríamos calificar de ego centrista, no se daban cuenta de la realidad negativa y hasta perniciosa por la que avanzaban los hijos, sin prever las consecuencias, a veces insalvables, que traerían aquellos comportamientos. Y cuando surgieron los problemas, derivados de la grave situación, entonces, solo entonces, se angustian y comienzan a invocar derechos por los que nunca quisieron luchar ni reivindicar, y a denunciar situaciones sociales intolerables, que tampoco quisieron reconocer anteriormente, sencillamente porque no les afectaba a ellos directa y personalmente.Pues, bien, este ejemplo se puede aplicar a tantas y tantas facetas de la vida social, en las que la persona está inmersa y de las que no parece mostrar interés alguno, quizás, por eso, porque no le incumben, ni afectan directamente a los intereses personales que le siguen en su ámbito o circulo personal, familiar, laboral, etc., al menos en el momentos presente, pero ¿y mañana?, ¿qué pasará?

Este comportamiento no deja de tener un grado de irresponsabilidad que, más tarde o más temprano, mostrará su cara exigente, el resultado de sus consecuencias lógicas.

Es lamentable que se abdique con tanta facilidad de los derechos más nobles e importantes que tienen las personas: el derecho a la libertad, que le permite tener sus propios criterios y ejercitarse en todo aquello que le parece importante y justo.

 Pero para que esto pueda ser posible, es absolutamente necesario ejercer la capacidad de pensar, de darse cuenta de la realidad de las situaciones, le afecten directamente o no en el momento presente, pues aun las que se le parezcan más lejanas, llegará un momento que tendrá que afrontarlas porque directa o indirectamente si le influirán sus efectos.

Cierto es que la vida presente exige de muchos esfuerzos, y mantener la tensión y la atención a todo lo que nos circunda exige un trabajo añadido que, a veces, no es fácil mantener, pero si en el momento presente este esfuerzo da pereza hacerlo, cuando llegue la realidad que ahora no se quiere ver o se ignora, más o menos conscientemente, puede que ya no se pueda solucionar nada, por más esfuerzo que se esté dispuesto a hacer en aquel momento.Ojalá que esta llamada de atención sirva a cuantos lo lean a plantearse seriamente su actitud y comportamiento, no en las cuestiones que le afectan directamente, sino en aquellas que parece nunca le van a complicar la vida y, en cambio, son temas sociales de cualquier tipo que, por sus posibles consecuencias o derivaciones, sí van a terminar complicando cualquier aspecto de la vida: personal, familiar, social, laboral, etc.