R E F L E X I Ó N
Son muchas las
cualidades y virtudes que enriquecen al ser humano y le ayudan a mantener su
primacía sobre todas las cosas.
También es cierto que
le acompañan, no pocas veces, actitudes y sentimientos negativos que le
llevan a comportamientos nocivos, que perjudican y hasta deterioran las
relaciones, tanto consigo mismo como con los demás.
Conforme la persona
hace uso de estas cualidades así contribuye a una convivencia con los demás
más o menos favorable.
La convivencia es
algo tan esencial en la vida humana, que no es posible ésta fuera de
aquella.
Cada persona convive
continuamente por más que quisiera aislarse, pues al fin, de una u otra
forma, ha de mantener una relación con los demás en las muy variadas
manifestaciones, ocupaciones y necesidades de la vida humana.
Pero lo que sí parece
cierto es que, en general, no se cuida mucho esta cuestión tan inmediata en
la vida individual, que es la relación con las otras personas.
Cuidar la convivencia
supone poner toda la atención en aportar personalmente cuanto sea necesario
para contribuir a que sea positiva, buena, en definitiva.
Es verdad que además
del esfuerzo personal que hay que hacer, y en el mejor de los casos que así
se lograra, está la otra u otras partes que también han de contribuir a
conseguir el objetivo de una convivencia buena.
Pero, en todo caso,
la persona solo podrá responder de su actitud y de su comportamiento. Y lo
ha de hacer tanto cuando se trata únicamente de lo que le corresponde a sí
misma en esa dirección positiva a conseguir, como cuando a pesar de todo no
se logre la convivencia deseable.
No basta, pues, con
tener la seguridad de que uno mismo está haciendo todo cuando puede, y,
además, lo está haciendo bien, sino que ante el conflicto que plantea esa
convivencia negativa o distorsionada, ha de tomar alguna posición más.
Deberá reflexionar,
algo que al hombre moderno le cuesta mucho hacer, sin duda por la vorágine
que lo envuelve y que tantas presiones ejerce sobre él.
Es preciso que las
personas sean muy conscientes de esta realidad, que tantas veces les impide
darse cuenta realmente de lo que está aconteciendo en sus vidas o en las de
alrededor.
En la medida que no
sepan valorar con objetividad y justicia todo el aluvión de información,
acontecimientos, publicidad, mensajes de todos tipo que le llegan, no sabrá
tampoco hacer ni una autocrítica, ni una crítica constructivas que muestren
la realidad de las cosas, en sus valores justos.
El ejercicio de la
reflexión no es nada fácil hacerlo, porque no se trata del mero pensar en
las cosas y en los acontecimientos, haciendo realidad aquel dicho de que
“todo en la vida es según el cristal con que se mira”, ya que al pensar
simplemente, lógicamente se hace desde los propios planteamientos,
sustentados normalmente en todo lo que forma la propia personalidad
subjetiva, bueno y malo.
La reflexión exige,
como si diríamos, un cierto distanciamiento de sí mismo, porque lo que se ha
de lograr es, ante todo, la objetividad de los hechos, favorezca o no los
propios planteamientos, deseos o expectativas.
La reflexión ha de
llevar, guste o no, favorezca a quien favorezca, a la verdad objetiva
de los hechos. Es cierto y necesario repetir que no es nada sencillo
lograrlo, pero si la persona quiere hacer de su vida algo más que vivir de
una forma mecánica y monótona en la sucesión del tiempo, se tendrá que
esforzar en lograrlo.
Cada día se han de
tomar muchas decisiones que van determinando y marcando el rumbo de la vida.
Estas decisiones, en
la mayoría de los casos, son rutinarias o responden a esquemas
preestablecidos, pero también las hay que, aunque no lo parezcan,
representan cosas de cierta trascendencia. Todas son importantes. Unas y
otras van marcando direcciones, tendencias, costumbres, etc.
Pero también llegan
esos otros momentos que exigen tomar decisiones en cuestiones que ya no son
ordinarias o normales, y que se ha de acertar también para poder conseguir
consecuencias positivas y benéficas para la vida propia y común.
Por tanto, se puede
concluir que para conseguir acertar tomando decisiones que ayuden a ir
construyendo una vida feliz y positiva en todos los órdenes, se necesita que
la REFLEXIÓN, en su sentido más profundo y real, ocupe un lugar obligado en
el quehacer de cada día.