La felicidad
La felicidad es una justa aspiración de todas las personas, que, de una u
otra forma, siempre la están buscando o procurándola en la medida de lo
posible.
Pero la felicidad encuentra ‘enemigos’ que la hacen tantas
veces imposible, en la propia vida de las personas o en el desarrollo de la
convivencia con los demás.
Resulta llamativo que siendo un bien que nadie rechaza, sino
todo lo contrario, resulte a veces tan difícil de lograr, lo que bien
merecería dedicar unos minutos a la reflexión de aquellos inconvenientes que
no dejan a la persona alcanzar o vivir ese estado de grata satisfacción que
resulta ser la felicidad.
Son los tiempos actuales, sin duda, un gran bien porque
procuran al hombre todo tipo de medios y ventajas para hacer una vida
agradable a los sentidos, y cómoda en cuanto a las diferentes actividades
que se han de realizar en los distintos ámbitos que conforman la vida
humana.
Y así las personas se entregan a perseguir y conseguir todos
los medios que les ofrece la ciencia, por un lado, y la vida en sus
estructuras actuales, por otro, sin, quizás, medir bien las consecuencias
que van a tener todos los esfuerzos que se han de hacer por lograrlos y las
servidumbres que en sí producen.
No se puede ocultar o ignorar las incompatibilidades propias
que se dan en la vida. Por ejemplo, es muy difícil mantener un alto grado
de Amor y de unidad en el seno de un hogar en el que sus miembros apenas si
se ven cada día y, por tanto, no puede lograrse la necesaria comunicación y
el intercambio razonable de pensamientos, sentimientos, etc.
En este orden de cosas resultará difícil alcanzar el
desarrollo afectivo y la madurez idónea en un hijo, niño o adolescente, que
apenas ve a sus padres cada día, y el fin de semana solo se dedica a
satisfacer en el seno familiar gustos o caprichos de cada cual, resultando
por ello totalmente precaria la unidad familiar y todo lo que ella conlleva.
Todo el conjunto de estas situaciones llevan a las personas a
vivir ciertas contradicciones. Por una parte comprueban la inestabilidad en
su entorno, por razón del imperativo de un ritmo de vida en el que prima lo
material, con todo lo que cuesta conseguir las cosas; por otra parte, se
sienten muy seguras de sí mismas, porque consiguen el dominio de estas
cosas, que les lleva a pretender, al mismo tiempo, también el dominio sobre
los demás, aunque quizás en manera alguna lo tengan de sí mismas.
De
esta forma caminan por la vida con un cierto desprecio hacia todo aquello
que no satisfaga los propios deseos o que no les de el juego necesario, en
cada momento, para los propios intereses.
Por estos caminos se hace imposible lograr la felicidad, en
cuanto es el estado de ánimo continuado de satisfacción personal, espiritual
y física, que se sostiene y mantiene desde el orden en todos los aspectos de
la vida, así como desde el equilibrio propio de la madurez, que sabe
afrontar cada situación desde el verdadero Amor, antítesis del egoísmo.
Hay una total ausencia de generosidad, sin la cual es
imposible la renuncia de sí mismo, tan necesaria para poder lograr, ya no
solo la propia felicidad sino la de los demás, exigencia ésta que no se
puede obviar porque es consecuencia implícita de tantos compromisos que se
adquieren en la vida: familiar, social, laboral, etc.
Podemos concluir, pues, que no puede haber Felicidad donde no
haya Amor, ya que es éste el fundamento y la base donde sustentar y
desarrollar la verdadera Felicidad.
Desde el egoísmo sólo se pueden lograr momentos
efímeros de una felicidad engañosa, que puede tener una presencia muy
sugestiva, pero que se esfuma con una gran facilidad, porque no es posible,
como dice el evangelio, que “Un árbol bueno pueda producir frutos malos, ni
un árbol malo producir frutos buenos” (Mt 7,18).
El hombre ha sido creado para ser feliz, para vivir la
felicidad en plenitud.
Es este un derecho que lleva intrínsecamente en su condición
humana, y al que es justo que aspire con insistencia, pero no se puede nunca
olvidar las exigencias que conlleva este logro de la felicidad, como tampoco
en dónde encuentra las grandes oposiciones que por sus sentimientos,
actitudes o comportamientos equivocados, le impiden la verdadera y duradera
Felicidad.