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Yo era una universitaria "liberada" Vivo en la gran ciudad desde hace varios años, cuando vine a ella para estudiar COU. Al principio me alojé en una residencia de estudiantes, pero no me gustaba por las limitaciones que nos ponían: horarios de comidas, normas de tipo vario, etc., etc. Así que, finalizando el curso, un grupo de chicas decidimos alquilar un piso entre todas.
Aquello
funcionó en principio muy bien, pues habíamos decidido ser auténticamente libres
y por tanto no deberíamos poner límites a nuestros movimientos. Nadie ponía
objeciones a que alguna trajera compañeros/as para estudiar, para escuchar
música, charlar,
tomar unas copas o cenar. Al contrario, aquello de "compartir" nos hacía
sentirnos muy bien, nos gustaba, en una palabra. No pasaron muchos meses sin que las cosas comenzaran a tomar otros caminos. Al principio nadie se extrañaba que alguna acabara "mareada" después de tomar unas copas en reunión, o que alguno de los amigos se quedara por la noche para compartirla con alguna de nosotras. Todo era normal, o al menos nos lo parecía. El respeto a los deseos de los demás imponía la ley de la libertad que cada cual gozaba para hacer lo que quisiera y con quien quisiera. Ya pueden imaginar lo que pasó en aquella casa durante los dos cursos y pico que he vivido. Un día alguien me presentó a un miembro de MATER CHRISTI. En la corta conversación que mantuvimos solamente quedó clara una invitación para volvernos a ver, y como la persona que nos presentó me habló algo de lo que hacían, sentí verdadera curiosidad por ese mundo de los marginados. Y es que cuando se habla de marginados, todos sin excepción miramos a los lados buscándolos. ¡Qué ingenuos! Cuando nos encontramos nuevamente, me explicaron lo que ellos entendían por marginación en sentido amplio, que incluía la situación de muchas personas que nos parecen normales, pero que están "dependiendo" de algo. Me hablaron de la prostitución y del alcoholismo "domésticos". Me dijeron que si es difícil arrancar de esas adicciones a los que las padecen, es mucho peor cuando estas situaciones están ocultas y se viven en la propia casa. Yo discrepé de estas opiniones pues lo que ellos llamaban prostitución o alcoholismo domésticos no eran tales cosas, ya que las relaciones sexuales que manteníamos eran libres, no por dinero, y los excesos con el alcohol no nos arrastraban a una vida degenerada, como la de cualquier borracho. Después de varias conversaciones fui comprendiendo lo que me decían, pues verdaderamente había una "dependencia", un "vicio", que la promiscuidad que practicábamos era realmente degradante: allí no había amor ni afecto. Solo sexo. El otro o la otra no eran personas, eran cosas para disfrutar sensualmente y nada más. Lo teníamos todo y no teníamos nada. Ese vacío había que llenarlo con algo de alegría que las copitas parecían aportar. ¡Qué absurdas aquellas vidas jóvenes sin horizontes!. Conforme fui siendo consciente de aquella realidad en la que de una forma sutil y absurda me encontraba metida, nació en mí un rechazo interior y me armé de valor para romper y darle a mi vida otros cauces de ilusión, de orden y equilibrio. Y aquí me encuentro, luchando por una vida más libre y auténtica, ayudada de estos buenos amigos, que también necesitan de la colaboración de muchos para sostenernos en todo los órdenes a los que queremos dejar de vivir una marginación o desenfoque de la vida.
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