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Mi timidez me condujo a la bebida  

Recuerdo siempre que siendo niña mi timidez ya me podía. Era un esfuerzo grande el que tenía que hacer para enfrentarme a cualquier cosa. Esto provocaba en mi interior como un sentimiento secreto de cruel angustia, de miedo, que hoy entiendo era de huída. No quería ir al colegio, ni me apetecía jugar con las niñas de mi edad. Todo lo que fuera enfrentarme a los demás era algo superior a mi. Sentía una soledad inmensa, pues para colmo mis padres estaban todo el día fuera de casa, atendiendo a un negocio familiar. 

Cuando tenía 8 ó 9 años descubrí que el día que, por cualquier cosa, me daban un poco vino, todo era distinto. Así que empecé a beber por mi cuenta, y ya tenía la solución para cuando había que ir a algún sitio donde hubiera gente. Mi adolescencia transcurrió con una sola alidada: la botella. A los 14 años no podía pasar sin ella. 

Hoy veo lógico que empezase un camino duro, muy duro para mí. Una juventud que se convirtió en un infierno interminable. Pues cuando se enteraron en casa ya no había remedio, mi "dependencia" era total. Me ingresaron varias veces en hospitales y también estuve en un psiquiátrico. El comienzo de mis 20 años fue desesperante. Me miraba a mi misma y me preguntaba: ¿Qué estoy haciendo con mi vida? No había salida fácil al "infierno" que me envolvía. Los tratamientos no daban resultado. Todo en mí era inseguridad, miedo, desesperanza. La estancia en el Psiquiátrico no solo no me había curado, sino que me proporcionó amistades que por sus circunstancias me "ayudaron" a hundirme mas en el agujero. La vida no tenía sentido, por lo tanto sería mejor quitársela .... Al fin, ¿qué era yo, sino una piltrafa humana? 

Pero llegó un encuentro providencial con unas personas. Eran dos chicas de MATER CHRISTI. Sería muy largo contar el desarrollo de mis relaciones con ellas. Lo cierto es que tras pasar varios años penosos de luchas, hace ya un tiempo que he empezado a vivir. 

Estoy segura que los que estáis leyendo mi testimonio os interesaría mucho saber cómo ha sido el "milagro" de mi recuperación. A grandes rasgos os contaré que ellos desde el primer momento me dieron ESPERANZA, como sustento de una lucha para la que no había suficientes fuerzas humanas. Fueron fieles y constantes hasta el heroísmo, cuando yo les fallaba porque les engañaba, les huía, etc. Permanecieron noches y días enteros a mi lado, cuando los síndromes de abstinencia imponían sus delirantes angustias y desesperaciones. No han tenido límites en su entrega, y aunque sé que incluso les he costado mucho dinero, nunca pusieron tope a nada. Con prontitud se desplazaron incluso fuera de Madrid cuando mis caídas fueron lejos. Y así un largo etcétera imposible de reseñar aquí. 

Hoy, débil aún, ya con 32 años, llevo dos sabiendo realmente lo qué es la vida, que hay que afrontar con crudo realismo y aunque sigue siéndome muy difícil, al menos puedo vivir. El camino sigue. Cada día debe pasar sin beber, y para ello la voluntad va ejercitándose fortalecida con esa FE profunda que día a día me han ido enseñando.

 Para acabar y a modo de resumen quiero que sepáis que de MATER CHRISTI he recibido:

 - Saber sostener mi vida en la ESPERANZA como plataforma para construir una vida nueva.

 - Auténtico sentido de la FE y su compromiso.

 - Formación humana, aún en desarrollo, pero suficiente para ir afrontando la vida con realismo y autonomía, porque justamente mi juventud se la llevó la bebida.

 - Conciencia clara de que en mí hay algo que necesitan los demás, y que debo dárselo.

 Y así continua mi vida, intentando recuperar y reparar todo lo que perdí durante tantos años.   

                                                                        Juanita  

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