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Una infancia borrada Mi nombre es Flavio y mi historia se remonta bastantes años atrás, sobre todo por lo marcado que estaba por las circunstancias que os voy a contar. Desde muy pequeño me he criado con mis hermanos, mayores que yo, ya que mis padres murieron siendo yo muy niño y sólo recuerdo que no recuerdo nada. Si miro hacia mi niñez descubro un gran vacío, un enorme vacío donde no atisbo ni adivino, por mucho que me contaran o por fotos que haya visto, cómo se vive con el cariño y la protección de unos padres. A esta enorme falta de cariño hay que sumar, yo diría ahora, el maltrato de mis hermanos que, ya sumidos en la delincuencia, me "utilizaban", empujaban y aprovechaban de mi inocencia para sacar su provecho. Mis hermanos son mi única familia, no les reprocho nada y además los quiero con pasión, pero no dejo de reconocer que arruinaron mi vida totalmente. Con siete años ya andaba yo por el mundo buscándome la vida robando cuanto podía, para aportar en casa mi granito de arena. Como creo que soy bastante espabilado, mis hermanos pronto se dieron cuenta que ese "canijo" podría dar más fruto si se le "educaba" bien. En mi “casa”, ni qué decir tiene que se vivían y experimentaban toda clase de desórdenes y maldades que yo ni tan siquiera atinaba a comprender. Sin una autoridad definida aquello era un caos, sólo recuerdo que comíamos medianamente bien cuando la novia de mi hermano estaba en casa con nosotros y no estaban enfadados. La calle era mi padre y mi madre, siempre robando y siempre corriendo. Ahora recuerdo con dolor el daño que he causado a muchas personas que en aquellos momentos significaban mi trofeo y el reconocimiento de los míos. Creo que es fácil imaginar lo que supone una infancia de marginación y un despertar a la vida con semejante panorama. Todavía hoy, hay cosas del comportamiento humano, de la educación de los valores, que son tan normales y asumibles por cualquiera y sin embargo yo no los entie. Una de las “amigas” de mi hermano mediano trabaja en la “calle” y yo me lo pasaba muy bien con ella, porque siempre me invitaba a algo o al menos me mostraba cierto cariño. Con ella he pasado muy buenos momentos, de mi adolescencia y primera juventud y lo más importante vino cuando me presentó a unos amigos suyos que son los que posteriormente tanto me han ayudado. Esta gente me parecían de otra galaxia y hablaban de una forma que siendo normal para mi, era todo un descubrimiento. Había encontrado gente mayor que yo, con la que podía hablar libremente y que eran del “mundo normal”.Para mi el mundo normal eran algunas películas y las series de TV, pero fuera de eso yo no lo conocía. Vosotros no os podéis imaginar lo que era para mi hablar con gente normal, como si nada, como si yo fuera bastante normal. Cuando cogí confianza me abrí a ellos y les mostré mi mundo, mi existencia, mi soledad, la mentira como forma de vida, el delito, el engaño, la extorsión. Era un maestro en mi campo. Intenté sorprenderles, apabullarles, pero me salió el tiro por la culata. Pensaba que eran unos cursis más del mundo moderno que iban por la vida de "salvadores", pero me hicieron ver que el que iba por la vida de chulo y arruinado era yo. Me tocaron bien la herida y además no se cortaron mucho a la hora de hurgar y además sin anestesia. Cada encuentro con ellos, era una bronca. Siempre acabábamos mal, pues para chulo yo, pero siempre volvía, les llamaba y quedábamos. Poco a poco se fueron convirtiendo en parte de mi familia. Estuvieron en mi casa, hablaron con mis hermanos, los echaron no se cuantas veces, los humillaron y hasta amenazaron Pretendían poner un futuro en mi vida y la verdad que ha sido muy duro, para ellos y para mi. Yo siempre volvía, pero lo que ellos han pasado simplemente no lo comprendo. Bueno, empecé a comprender que no buscaban ningún interés, sino el mío, y por eso, porque vi la verdad en sus intenciones, siempre yo volví ¿Qué habría sido de mí, si no los hubiera encontrado? Es impensable. Recuerdo tantas cosas, tantos momentos, de verdad que era una lucha sin cuartel entre su bondad y constancia y yo, con mis circunstancias. A este testimonio podéis añadir vuestra imaginación que siempre, os lo aseguro, se quedará corta. Hoy conozco a Dios gracias a ellos, mis hermanos de Mater Christi, ojalá ellos nunca dejen de mostrar a Dios a todos los que como yo, no lo conocen y, no se si lo merecemos, aunque sé que esto no les gusta que lo diga.
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