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Encontrar el camino

Me han pedido a mí también que escriba mi testimonio. He aceptado y lo haré con la sola intención de mostrar mi gratitud a Dios y a las personas que me ayudaron a remontar una vida que nunca pensé que pudiera ser superada en sus páginas más oscuras. Verán.

Nací en una familia de las denominadas clase media-alta, por lo que nunca me faltó de nada, pero una serie de circunstancias: Padres absorbentes, condiciones físicas poco afortunadas y el defecto de ser muy torpe físicamente, me marcaron de tal forma que siempre me vi apartado de amigos y compañeros.

Prefería no salir con nadie y refugiarme en el estudio, aunque en mi interior deseaba ser normal y poder manifestarme en los sentimientos propios de un joven, como conocer una chica  poder formar un hogar, pero mis complejos me recluían en un aislamiento disfrazado bajo el muchacho trabajador y estudioso.

Terminé los estudios y comencé a ejercer como profesor en mi misma ciudad de nacimiento, cosa que luego comprendí que me perjudicó porque nada me ayudó a salir de mi aislamiento, pues no conseguí tampoco con mis compañeros profesores esa relación de amistad que tanto necesitaba para salir de mí mismo.

En esta soledad fueron pasando los años y no encontré otra salida más que buscar lo que no tenía en el mundo de la prostitución. Frecuentaba con asiduidad estos lugares llegando a crearme una dependencia tal que era una verdadera obsesión.

Incluso tenía el deseo de encontrar una mujer con la que casarme, y efectivamente, conocí a una chica de la que me encariñé de tal forma que cuando pasados unos años desapareció de la noche a la mañana, fue un golpe terrible. Yo sabía que no le gustaba, pero era muy cariñosa y comprensiva conmigo, quizás por ello me refugié en ella. Por más intentos que hice, nadie me dio razón de a dónde había ido ni dónde esta

Ya bien metido en los cuarenta años y solo en la vida, pues mis padres se habían muerto y mis dos hermanos habían formado sus familias y marchado a otras ciudades, yo deambulada cada día después de mi trabajo por los ambientes ya mencionados con una frustración que iba en aumento y en la misma proporción la degradación de mis comportamientos.

Llegó un momento que ante aquella debacle de mi vida quise dar un parón al ritmo que llevaba y me refugiaba en mi casa: preparar clases, lectura, mucha reflexión de la vida que había llevado... Me daba cuenta que me había equivocado, que estaba vacío, solo, con una edad madura y un horizonte en mi vida sin esperanza.

Me sentía abatido, deprimido, sin saber hacia dónde mirar ni a dónde acudir, hasta que un buen día tuve la fortuna de encontrarme en una de las calles que antaño frecuenté asiduamente y por las que ahora apenas si pasaba por ellas con dos personas que me abordaron para decirme si quería que charlásemos un rato

Aquella proposición me resultó tan rara como asombrosa. Rara porque quién hay que te brinde un rato de conversación sin conocerte y asombrosa porque justamente era para mí una necesidad vital.

Aquel día terminó siendo para mí como un nuevo amanecer de la vida. Unas personas que no me conocían y confiaban en mí, valoraban lo que les decía de mi vida, comprendían mis frustraciones, mis miserias y mis fracasos y, además, creían que podía reemprender la vida con otro estilo.

No hace falta deciros más. Los hermanos y hermanas de MATER CHRISTI me han acompañado los últimos tiempos y hoy, llevando sobre mis hombros todo el lastre de mis errores y pecados, siento la alegría del “hijo pródigo” porque me enseñaron que mi Padre Dios me esperaba y decidí “levantarme e ir hacia Él”, por eso comencé expresando mi gratitud a Dios y a mis hermanos.

Hoy también yo creo en las personas y en sus posibilidades de cambiar el error por el acierto, el pecado por la generosidad y la entrega a los demás.

¿Te encuentras en una situación parecida a ésta?

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