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TIRANÍA DEL SEXO

He accedido a contar esta breve reseña de mi vida, sobre todo por lo que pudiera resultar de ayuda a todos aquellos que se encuentren esclavizados por la tiranía del sexo. Sí digo bien: tiranía del sexo.

 Ni siquiera contando con el anonimato que dan unas letras escritas en una publicación como “al margen”, me atrevería a contar esta historia mía llena de vergüenza y esclavitud. Sólo por el ánimo de mis amigos de MATER CHRISTI y el bien que pueda hacer a otros como yo, creo que vale la pena el esfuerzo de dibujar la parte de atrás del cuadro de mi vida, el reverso de la moneda.

Soy un hombre de cincuenta y cinco años, casado y con tres hijos.

Creo que prácticamente todas las personas tenemos una parte oculta o puerta de atrás, por donde vamos y venimos con infinidad de situaciones o realidades de índole privativo, que constituyen un espacio que consideramos de “libertad” interior, que no dejamos que nadie conozca y menos que intervenga o manipule.

Es ese ámbito interior y oculto, que nos permite vivir una doble vida al margen de la establecida, aparentemente ordenada e intachable, que trasmite todo aquello que parecemos ser. Esta vida interior, existe, está ahí escondida y ha sido para mí, como para tantos otros, la vía de escape de tantas situaciones angustiosas que vivimos de continuo, cuando debería haber sido todo lo contrario.

Muchas veces he analizado mi comportamiento y casi siempre lo justificaba por esas presiones externas que nos hacen refugiarnos en nosotros mismos, y buscar esa puerta de escape.

No quiero justificar mi comportamiento, vosotros juzgaréis, pero hay que decir muy alto que hoy las personas SUFREN mucho y de muy distintas maneras, y que este sufrimiento es mucho más angustioso de lo que nos podemos imaginar.

En mi caso, se trata de haberme visto atrapado por la esclavitud del sexo. Quien no piense que el sexo puede llegar a ser una esclavitud, sino una liberación siempre, está totalmente equivocado. El cuerpo humano es tirano si se le deja campear a su antojo, pero no solo con el sexo, puede ser también con la droga, el alcohol, el juego o cualquier otra dependencia. Su tiranía puede llevarte a vivir pendiente, de forma obsesiva, de sus caprichos y apetencias hasta de una forma prácticamente exclusiva.

Mi experiencia así lo atestigua, pues de la forma más tonta me dejé embaucar por unos compañeros de trabajo y probar eso que llaman una “escapadita laboral”. Un grupo organizó para una despedida de soltero una fiesta que terminó siendo una orgía por todo lo alto, lógicamente la realidad había sido disfrazada y todo aquello resultó oculto para nuestras esposas y fácilmente camuflable.

La “experiencia” se repitió otras tres veces a lo largo de ese primer año, a lo que hay que sumar todo esa revolución interior que clama con una mala conciencia y por el engaño que se está produciendo ante los seres más queridos que te rodean, con el consiguiente desasosiego y desajuste personal, particularmente no sabía si decirle, ni cómo, a mi mujer, el lío en el que me estaba metiendo.

Esta bola de nieve fue creciendo, el grupo inicial fue disgregándose, quedando reducido a tres personas que competíamos por “afinar” las “escapadas”. Es inimaginable el mundo de corrupción que existe entorno al sexo y la forma en que se nos “brinda en bandeja” a todos los que picamos en él, sin olvidar el coste económico que es capaz de desestabilizar y hasta arruinar cualquier economía.

Han sido cuatro años de amargura, tortura y mentira. Arrastrándome tras haber aceptado vejación de todo tipo de la condición humana; buscaba explorar situaciones delirantes de entrega en las redes de la pornografía y de la prostitución, con consumo de alcohol y droga en esos momentos, al tiempo que tenía que hacer grandes esfuerzos por mantener siempre mi posición de hombre intachable, responsable y entrañablemente familiar.

En una de nuestras escapadas nocturnas, de esas en que para la familia toca “reunión urgente de trabajo”, me tropecé con dos personas a la salida de un club de alterne, me sentía asqueado y mal, como tantas veces, por lo que decidí sentarme en un banco de la calle, se acercaron y me hablaron amablemente, yo irónicamente pretendí reírme de ellos. Me veía superior a ellos porque vivía una situación de alocamiento personal y ellos parecían un poco pardillos. En mi ironía se me fue la lengua contando más de lo que debía, para, finalmente, derrumbarme mostrando la verdadera realidad y mi honda amargura. La prepotente ironía se convirtió en verdad transparente. Era la primera vez, en muchos años, que decía toda la verdad, mi verdad, aunque fuera a personas desconocidas.

Los que inicialmente me parecieron unos pardillos, se mostraron sumamente prudentes y correctos, pero a la vez, contundentes, precisos y con una claridad de ideas que parecía ellos saber más de mi realidad que yo mismo. Si me hubieran dado cuatro consejitos “al uso”, estoy seguro que hoy no estaba yo contando esta historia. Nada de “consejitos”, en un tono tan crudo como duro me pusieron ante la realidad del daño que me estaba haciendo a mí mismo y a los seres queridos, por más ignorantes que estuvieran, y, también, las consecuencias y las “facturas” que me traería todo este “juego” en el futuro.

¡Qué mal lo pasé!, Pero qué a gusto me encontraba cuando pasaron un par de horas en aquella lucha dialéctica.

Por fin, mi “verdad” había salido de mí a la luz. Tenía unos amigos dispuestos a ayudarme, como así fue. Posteriormente tuvimos muchos encuentros igualmente fuertes, pues seguía “enganchado” a mis aventuras. Pero para mí lo más grande es que alguien conocía mi realidad y me estaba ayudando.                                   

Me costó reconocer y aceptar que este camino no era NECESARIO para vivir dignamente, sino todo lo contrario, pues mi realidad era la de un esclavo del sexo que verdaderamente necesitaba ayuda.

Con mucha paciencia y una gran labor de acompañamiento durante varios años he podido llegar a cerrar el capítulo de esta parte trasera, oculta, del cuadro de mi vida.

Tengo que dar gracias sin parar a Dios, porque nunca se supo esta realidad y así se pudo evitar mucho sufrimiento, sobre todo en mi casa, gracias también a la prudencia con que me ayudaron en momentos delicadísimos los hermanos deMATER CHRISTI.

Ahora no necesito parte trasera, ni escapadas, ni desahogos. He descubierto el gran valor de la amistad y sobre todo de la VERDAD. Creo que no soy el único, gracias a Dios, que puedo y debo mostrar mi más profunda gratitud a MATER CHRISTI, que lucha en sus miembros, invirtiendo tiempo y dinero, todo el que se necesita y tienen, para ayudar a personas que como yo, viven esclavas de multitud de ataduras.

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