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OBSESIÓN No sé bien como empezar a relatar lo que ha sido durante tantos años, el “Leif motiv” de mi existencia. Parece mentira que una persona pueda caer tan bajo empujada por alguna de las muchas pasiones que con tanta facilidad se apoderan del ser humano. Primeramente quiero decir que me gustaría que todo el mundo pudiera leer este testimonio mío para que todo el mundo se tomara muy en serio lo que son las “dependencias” del corazón, puesto que sus estragos son impredecibles. Soy una mujer de treinta y ocho años, con la vida resuelta en todos los sentidos: laboral, familiar y social. Tengo dos hijos encantadores y un marido que sinceramente no me merezco.
Llevo cuatro años sufriendo un auténtico calvario, cuando, presa de la
envidia y la soberbia, he dejado que la venganza reinara en mi vida, me
poseyera y condujera mi existencia y la de los que me rodean a un “pozo sin
fondo” del que era incapaz de salir. Insisto que, por favor, nadie se tome a broma, ni se deje llevar por esas desviaciones malsanas del corazón, en las que nadie repara y que tan dramáticas consecuencias nos están acarreando a la sociedad actual. No hay nada más que leer a diario, los periódicos o atender a cualquier otro de los medios de comunicación, como la TV o la radio, para darnos cuenta del drama al que estamos siendo empujados. A qué os suenan esas noticias de: madres que abandonan a sus hijos, de matrimonios o parejas que se matan después de tantos años de convivencia, a crueldades y asesinatos de todo tipo…etc. Son noticias que saltan y pasan fugazmente con la mirada estupefacta de la gente en general y un lamento, como por ejemplo: “Señor, dónde vamos a llegar”. En mi caso, fue el afán de venganza hacia un matrimonio amigo, el que me llevó a situaciones de verdadero trastorno mental y a una pérdida total del sentido de la racionalidad. Sin saber muy bien cómo, lo cierto es que empecé a sospechar de que un matrimonio amigo, compañeros de trabajo, nos estaban queriendo dañar a nivel laboral a mi marido y a mí. Todos trabajamos en la misma empresa, somos compañeros y amigos desde hace muchos años; mis sospechas, prácticamente sin fundamento, se apoyaban en rumores y comentarios de otros compañeros. Una cosa tan simple se convirtió en una ruptura de la amistad, la pérdida de nuestro trabajo y, prácticamente, la destrucción de mi matrimonio. Quizás los detalles sea lo de menos, creo que para todo el mundo es fácil imaginar cómo esas cosas se van liando en base a la murmuración y cómo luego, sin saber dar marcha atrás se termina odiando, para, seguidamente, dar paso a la venganza en todo su esplendor. Las discusiones con mi marido eran continuas, él me hacía ver lo lejos que estaba llegando con mis acusaciones primero, y con mis tramas vengativas, después. Reconozco que me poseyó la rabia y la soberbia más recalcitrantes, y, en vez de intentar apagar ese fuego, lo alimentaba a diario con nuevas invenciones. Me estaba volviendo loca y poniendo en peligro todo lo que más quería. No me extraña, como comentaba más arriba, que la gente termine haciendo locuras cuando se está en una situación de ceguera moral y espiritual. En mi caso, creo que fue la misericordia de Dios la que puso en mi camino a unos miembros de MATER CHRISTI, a los que llegué por una de las poquísimas amigas que me quedaban por aquel entonces. En el límite de mi desesperación y a punto de perder mi matrimonio, ansiaba poder contar a alguien ajeno a mi círculo lo que me estaba pasando, buscando únicamente que me dieran la razón en mi forma de actuar, y ratificase mis mentiras como verdades. Ellos no me dieron la razón, pero tampoco me la quitaron, solo que desde el principio, con mucha paciencia, me fueron explicando lo que es el ser humano, lo que son las “dependencias” espirituales y sus consecuencias. Me explicaban las cosas como si no fuera conmigo, y yo, por más que quería traerlos a mi terreno, ellos seguían en su estrategia. Muy enfadada un día me enfrenté a ellos y, como se suele decir, les “puse de vuelta y media”. Su reacción sí fue entonces contundente, apoyándose en todo lo que me habían explicado, ahora sí, en primera persona, me fueron dando un diagnóstico certero sobre el desvarío de mis comportamientos y sus consecuencias. Sinceramente no fue nada fácil. Fue tremendo; todavía hoy después de varios años, se me pone la “carne de gallina” al recordar mis “formas” y “maneras”, mis “tramas”…etc. de todo aquello que me había estado poseyendo y dominando. Nunca dejéis que la soberbia nuble vuestras mentes y huid “como alma que lleva el diablo” de saborear la venganza. Cuidado con las cosas pequeñas, pues si hoy se permite una murmuración mañana se permite un falso testimonio. Y así hasta la total ruina personal. Como decía Cristo en el Evangelio: “Velad y Orad para no caer en la tentación.”
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